Hay que tomar en cuenta que, a pesar de mis evidentes particularidades, nunca abandoné la especie. Es curioso, pero si se lo piensa bien –y tengo tiempo, voluntad y la capacidad para hacerlo–, el mundo canino es enormemente rico. Además de nosotros, los perros, hay cuatro tipos de criaturas en todas partes, seres pobres, insignificantes, mudos, que se limitan sólo a emitir ruidos. Muchos perros los estudian, les han puesto nombres, intentan ayudarlos, educarlos, darles una existencia digna y cosas por el estilo. A mí, mientras no me molesten, me son indiferentes; no puedo distinguirlos, no les hago caso. Sin embargo, algo en ellos es demasiado extraño como para que no merezca mi atención: me sorprende lo poco solidarios que son entre ellos en comparación a nosotros, los perros, con cuánta indiferencia y frialdad, sí, hasta con cierta hostilidad, se ignoran, y solo los intereses más básicos son capaces de unirlos en algo, por lo menos, de forma superficial; pero incluso estos no generan más que odio y disputas. ¡Qué distintos a nosotros! Se puede afirmar que vivimos en una única manada, todos, independientemente de las innumerables y profundas diferencias que surgieron entre nosotros a lo largo del tiempo. ¡Todos en