Buchwald Editorial

Citas

Nilocompartió una citahace 2 meses
Hay que tomar en cuenta que, a pesar de mis evidentes particularidades, nunca abandoné la especie. Es curioso, pero si se lo piensa bien –y tengo tiempo, voluntad y la capacidad para hacerlo–, el mundo canino es enormemente rico. Además de nosotros, los perros, hay cuatro tipos de criaturas en todas partes, seres pobres, insignificantes, mudos, que se limitan sólo a emitir ruidos. Muchos perros los estudian, les han puesto nombres, intentan ayudarlos, educarlos, darles una existencia digna y cosas por el estilo. A mí, mientras no me molesten, me son indiferentes; no puedo distinguirlos, no les hago caso. Sin embargo, algo en ellos es demasiado extraño como para que no merezca mi atención: me sorprende lo poco solidarios que son entre ellos en comparación a nosotros, los perros, con cuánta indiferencia y frialdad, sí, hasta con cierta hostilidad, se ignoran, y solo los intereses más básicos son capaces de unirlos en algo, por lo menos, de forma superficial; pero incluso estos no generan más que odio y disputas. ¡Qué distintos a nosotros! Se puede afirmar que vivimos en una única manada, todos, independientemente de las innumerables y profundas diferencias que surgieron entre nosotros a lo largo del tiempo. ¡Todos en
Nilocompartió una citahace 2 meses
una sola manada, unidos! y nada nos puede impedir que sigamos ese impulso; todas nuestras leyes e instituciones, las pocas que aún conozco y las innumerables que olvidé, tienen su origen en el anhelo de aquella dicha suprema, la cálida convivencia. Ahora bien, consideremos la otra cara de la moneda. Ninguna criatura –hasta donde sé– vive tan dispersa como nosotros los perros, ninguna otra tiene tantas diferencias de clase, de tipo, de ocupaciones; nosotros que queremos mantenernos juntos –y que, a pesar de todo, a veces lo logramos en momentos de exaltación–, precisamente nosotros, vivimos tan separados los unos de los otros; a menudo, ejercemos profesiones incomprensibles para nuestro semejante; nos aferramos a leyes que no son propias del mundo canino y que, más bien, están dirigidas en su contra. Es un asunto complejo que uno preferiría no tocar –entiendo muy bien ese punto de vista, incluso mejor que el mío– y, sin embargo, es un asunto al que me entrego por completo. ¿Por qué no hago como los demás, vivo en armonía con mi pueblo y acepto en silencio aquello que perturba esa concordia?, ¿por qué no lo ignoro como si fuera sólo un error insignificante en el gran cálculo?, ¿por qué no busco aquello que nos une en felicidad, en lugar de aquello que irremediablemente nos separa como pueblo?
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)