que vivo en Buenos Aires.
Por las noches pienso en el mar.
El viento nocturno que entró
por la ventana de mi cocina
me trajo su olor.
Me adentré en él y cuando salí
el agua que hervía en mi fogón
estaba evaporada
y mi dedo sangraba.
La herida era profunda,
dejé correr la sangre,
bajó hasta mi codo,
se mezcló con el agua
y la espuma.
Es un desperdicio, pensé,
y lamí mi antebrazo.
Esta herida es mía
pero la sangre es tuya,
fluye dentro de mí
como una vez yo fluí
de tu sexo.