La verdad es que me terminé este libro en un solo día, y no por disfrute, sino por una necesidad de terminar con la asfixia de su lectura. Como está narrada en una perturbadora primera persona, sentí que la obra me convertía a la fuerza en cómplice de Celeste Price, una protagonista que encarna a la perfección la psicopatía clínica mediante una amoralidad absoluta, un egocentrismo ciego y descripciones y pensamientos explícitas que provocan asco. Lo que más destaco del libro es su crudo realismo para denunciar un tabú social histórico: la existencia de mujeres pedófilas y cómo el mundo (y el sistema) tienden a minimizar, romantizar o invisibilizar estos crímenes, este abuso cuando la agresora es una mujer canónicamente atractiva que utiliza su belleza y juventud como manipulación definitiva. Ese final tan injusto como realista, donde la impunidad prevalece gracias a sus privilegios estéticos, me dejó una profunda sensación de rabia, impotencia e incomodidad; es una obra tan increíblemente perturbadora que jamás la volveré a leer.
3/5 ⭐️, porque es imposible darle menos, pero también es imposible darle más.