Antes de la Caída, los ojos de Adán y Eva carecían de visión, aún sin ser ciegos; antes de la ayuda prometeica los humanos habitaban bajo tierra, donde “veían sin ver, oían sin oír” (Esquilo). En definitiva, ambos mitos muestran que el sujeto de deseo no es el punto de partida de la vida del humano, sino más bien el punto de llegada de un transcurso que tiene en el nacimiento su prefiguración. S