Charles E. Mercer

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b9181658159compartió una citael año pasado
Alejandro Magno fue, sin duda, el hombre más influyente del mundo antiguo. Sus innegables dotes para el mando y su brillante carisma personal le condujeron en compañía de su ejército a la consumación de una gesta propia de los héroes mitológicos de los que tanto aprendió gracias a su mentor Aristóteles.
En un periodo de apenas once años conquistó 3.885.000 kilómetros cuadrados, si bien ese inmenso imperio resultó tan efímero como la vida del que lo forjó.
En la primavera del año 334 a.C., el ejército macedonio inició la ofensiva sobre Persia. El objetivo esencial se centraba en la recuperación de las antiguas colonias establecidas en Anatolia.Ciudades como Mileto, Éfeso o Halicarnaso sufrían los rigores de la ocupación persa; no olvidemos que los griegos mantenían el viejo sueño de infringir una humillación al ancestral enemigo oriental desde los tiempos lejanos de las guerras médicas acontecidas un siglo y medio an tes. En esas contiendas el imperio
Carlos Efren Vadillocompartió una citael año pasado
De repente, el ala izquierda de los macedonios pasó a la acción. Al mando se encontraba un rubicundo joven que montaba un semental negro. Fuerte y muy guapo, era Alejandro, el hijo de Filipo, que acababa de cumplir los dieciocho años.
Carlos Efren Vadillocompartió una citael año pasado
Esta fue una victoria decisiva ya que elevó a Filipo a señor de todas las ciudades-estado griegas. La conquista de los atenienses fue particularmente importante ya que Atenas se consideraba el centro cultural del mundo.
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