La Presencia es silenciosa y transmite un estado de paz. Es infinitamente amable y, sin embargo, sólida como una roca. Con ella todo temor desaparece, y la alegría espiritual se produce en un nivel aquietado de éxtasis inexplicable. Como la experiencia del tiempo se detiene, no hay aprensión, lamento, dolor ni expectativa; la fuente de la alegría es inagotable y siempre está presente. Como no tiene principio ni fin, no puede haber pérdida, pena ni deseo; y no hay que hacer nada, porque todo ya es perfecto y está completo.