El presente libro se sumará al corpus de obras en español que emplea tal adjetivo, pues el nombre de Julio quedó inevitablemente ligado al vocablo, cuya raíz es el verbo desollar. A diferencia de las crónicas anteriores, en estas no se dará cuenta del destino de esa piel arrancada durante la madrugada del 27 de septiembre de 2014, simplemente porque no se sabe qué ocurrió con ella. Aunque he imaginado usos macabros, destinos humillantes, prácticas deleznables, acabo deseando que esa piel ya no esté, que haya vuelto a la tierra o a la nada de donde venimos. Otras dos palabras unidas al nombre de Julio son tortura y víctima; ambas comparten con desollado los campos semánticos de la guerra y la religión; las tres se reparten desgraciadas en los campos de mi país, pero sobre las mismas tierras andan muchos buscando, exhumando en grupo, juntos encontrando.