Oakeshott subraya los desvíos de la razón soberbia. No ofrece, por cierto, el sentimiento como antídoto al exceso racional. Las emociones no nos salvarán de la pinza tecnológica. La salida está en el tanteo. Ensayar para observar los efectos de la prueba, palpar antes de exprimir, ver sin pontificar, escuchar para hablar y después de hablar, volver a escuchar, caminar sin prisa y sin rumbo, ponderar cada paso. La línea recta es el trazo del diablo que, ya sabemos, siempre lleva prisa. La buena fortuna, dijo Maquiavelo en sus Discursos, pertenece a quien sabe ajustar su proceder con el tiempo.