Como de costumbre, Yoshiro la había doblado formando un rectángulo y la había colocado en la cajonera la noche anterior antes de ir a dormir. A Mumei le angustiaba que la ropa tuviera vida propia y se escapara por la noche. Le perturbaba que se fuera a beber cócteles y a bailar en un club, y que volviera toda sucia y arrugada. Por ello, antes de acostarse, Yoshiro siempre cerraba con llave el cajón de la cómoda