—Hombre que mata, jamás merecerá mi perdón.
Recogió todas sus pertenencias, tomó los hijos y abandonó al marido cruel.
«Mata, que mañana haremos otro»
Éste es el dictado de los tiempos del viejo Imperio de Gaza, que se tornó célebre, sobreviviendo a muchos soles y muchas lunas y, como el grano sembrado de boca en boca, llegó hasta nuestros días.