Juan Hernández Luna

Citas

Victor Avilés Velazquezcompartió una citahace 2 años
El otro día recogía en la sala de redacción los pliegos para entregar cuando apareció Louis Aragon, quien salía de la oficina del director Vaillant-Couturier. Desde que colabora con L’Humanité nunca me lo había encontrado. Tiene rasgos finos, cabello oscuro, aire modesto e incluso tímido. En su mirada parece haber una ingenuidad y en sus modales una cortesía que no se esperaría de uno de los intelectuales franceses más influyentes. Me entregó dos libros, amarrados con una cinta roja, y un papel doblado en dos: “Mi niño, ¿podrías entregarlos a esta dirección?” Intelectual o no intelectual, poeta brillante o no, ¡no admito que me digan “mi niño”! ¡No es broma, tengo veinticuatro años y me gano el pan como los demás! Y entonces, ¿no es ésa también la razón por la que queremos la revolución? “Sí, camarada”, le contesté, enfatizando la última palabra. Aragon sonrió: “Gracias, camarada”. Y me guiñó el ojo, lo cual terminó de exasperarme. ¡Cómo hemos cambiado!
El papel decía: “C. Vallejo – Bulevar Garibaldi 41”. Era la dirección de un hotel miserable. El gerente me dio el número de la habitación y tan pronto toqué a la puerta me abrió un tipo delgado y alto. Rasgos gruesos, una frente despejada y las cejas tupidas. “—¿Señor Vallejo? De parte del señor Aragón.
”—Pase.”
Victor Avilés Velazquezcompartió una citahace 2 años
Ayer en Danzig, ciudad bajo protección de la Sociedad de las Naciones, el gobierno pronazi abolió la Constitución. Polonia está directamente bajo amenaza. Y en el Marruecos español los generales se alzaron contra la República. La situación parece estar bajo control, pero hubo disparos en Barcelona. Evidencia de que somos de los ingenuos si imaginamos que derrotamos al fascismo. ¡Cuán vano me parece mi optimismo de esta mañana!
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