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Editorial Periférica

  • Cindy Canelcompartió una citahace 2 años
    La voz altera la temporalidad porque está condenada a quedarse en el presente para siempre.
  • Lucy Sotocompartió una citahace 10 meses
    Me obligaba a soñar despierta para poner cara de sorpresa cuando lo viera venir.
  • Hilcia Molinarcompartió una citael año pasado
    Estábamos sentados en un banco cerca de Les Halles, bajo una especie de pérgola de madera. Hacía buen tiempo. Me dijo: ya no te quiero.
    La víspera
  • Hilcia Molinarcompartió una citael año pasado
    e d’Orléans vigilando los 4L, esperando a que llegara. Al final apareció. Habría querido ponerle mala cara
  • Hilcia Molinarcompartió una citael año pasado
    A la vuelta de las vacaciones, me llamó por teléfono otra Valérie Mréjen que vivía en el distrito XII: había
  • Martín Eduardo Martínezcompartió una citael año pasado
    «He aquí la plaza que nunca cambia, que siempre seguirá igual. He aquí el mes de abril de 1904. He aquí la campana del Tribunal y las tres de la tarde. Y aquí está Grover con su bolsa de papel. Aquí está el viejo Grover, que está a punto de cumplir los doce años, he aquí la plaza que nunca cambia, aquí está Grover, aquí está la tienda de su padre y aquí está el tiempo».
  • Ayanet Ncompartió una citahace 2 años
    Grover se giró y pasó junto a la cara norte de la plaza. En ese momento fue testigo de la unión entre el ahora y el para siempre.
  • Ayanet Ncompartió una citahace 2 años
    Pensó: «He aquí la plaza que nunca cambia, que siempre seguirá igual. He aquí el mes de abril de 1904. He aquí la campana del Tribunal y las tres de la tarde. Y aquí está Grover con su bolsa de papel. Aquí está el viejo Grover, que está a punto de cumplir los doce años, he aquí la plaza que nunca cambia, aquí está Grover, aquí está la tienda de su padre y aquí está el tiempo».
  • Ayanet Ncompartió una citahace 2 años
    El chico per‍­ma‍­ne‍­ció allí unos ins‍­tan‍­tes. Un ca‍­mión pasó tra‍­que‍­tean‍­do. Al‍­gu‍­nos tran‍­seún‍­tes iban y ve‍­nían. El con‍­duc‍­tor del ca‍­mión, mo‍­de‍­lo Ga‍­rrett, salió de algún sitio con una caja llena de ví‍­ve‍­res y la metió en el fur‍­gón antes de ce‍­rrar‍­lo de un por‍­ta‍­zo. Pero Gro‍­ver no se per‍­ca‍­tó de nada, y más tarde no po‍­dría re‍­cor‍­dar aque‍­llo. Se quedó allí, ciego de rabia, gris a pesar de su piel color oliva, ante los re‍­lo‍­jes de sol, sin‍­tien‍­do que aquél era el Tiem‍­po, aque‍­llo la Plaza, aquél el cen‍­tro del uni‍­ver‍­so, el nú‍­cleo de gra‍­ni‍­to de la in‍­mu‍­ta‍­bi‍­li‍­dad, y sin‍­tien‍­do tam‍­bién que aquél era Gro‍­ver, aqué‍­lla la Plaza, aque‍­llo el Ahora.
  • Ayanet Ncompartió una citahace 2 años
    Hijo, hijo mío, fue hace tanto tiempo, pero cuando vuelvo a escuchar ese nombre todo regresa como si hubiera ocurrido ayer. Y la vieja herida se abre. Lo puedo ver tal como era, tal como resplandecía aquella mañana en que viajamos por Indiana, al lado del río, de camino a la Exposición Universal.
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