Eve Gil

Eve Gil nación en Hermosillo, Sonora, México, en 1968. Escritora precoz que desde los trece años escribe sin parar, aunque más bien tímida para publicar, ganó en 1993 un certamen único, a manera de justa llamado La Gran Novela Sonorense, con su primera novela publicada Hombre necios (ISC, 1995). Ese mismo año obtiene mención honorífica en el Certamen Nacional de Poesía Anita Pompa de Trujillo con su, hasta ahora, único poema: Transitar por la inocencia. En 1994 gana el Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez por el reportaje La fortificación del ámbar maldito. En 1996 gana el Concurso del Libro Sonorense con la novela El suplicio de Adán, prohibida y embodegada por la propia institución convocante que la consideró subversiva y políticamente incorrecta. En 1998 se marcha a la Ciudad de México y empieza a publicar en revistas y periódicos de circulación nacional tales como Etcétera, Siempre!, El Huevo, Playboy y Saber Ver. En 200 publica la novela Réquiem por una muñeca rota (Fondo Editorial Tierra Adentro), con unánime éxito entre la crítica literaria mexicana que pocas veces recibe con tal entusiasmo la obra de un autor novel y a la que la escritora argentina Luisa Valenzuela calificó como “una pintura de ese difícil paso por la vida que podríamos llamar adulta, si es que alguna vez lo logramos”, y en 2002 obtiene mención honorífica en el certamen binacional de novela Border of Words. Actualmente tiene a su cargo la popular columna “La trenza de Sor Juana” en el suplemento Arena del periódico Excélsior. Su obra narrativa se encuentra diseminada en diversas antologías.

Libros

Citas

wilby1217compartió una citahace 2 años
Me salvaron la vida en la escuela, cuando yo era un nerd, pésimo para los deportes, blanco de burlas de algunos compañeros (que hoy ya son mis amigos, así de rara es la vida) y con el peor peinado de bacinica que puedan imaginar.
wilby1217compartió una citahace 2 años
El chico de la gabardina dio un salto hacia adelante para ir tras el monstruo.
wilby1217compartió una citahace 2 años
Una recámara pequeña con una ventana a través de la cual podían verse desfilar, sobre un paño azul, nubes como algodones de azúcar. Para Bruno esas nubes eran sus ojos al mundo exterior, el cual apenas conocía por estar anclado en una silla de ruedas. Los libros, la calle vista a través de la ventana y las visitas
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