Valeria Correa Fiz

Libros

Citas

Véronique Carduscompartió una citahace 5 meses
No era feliz, pero mis días por entonces eran tranquilos.
Marcia Ramoscompartió una citael año pasado
Nuestro jardín era un útero de barro infértil con un buzón de lata amarilla lleno de propaganda y cupones
Marcia Ramoscompartió una citael año pasado
La Reina Loca ordenó al nuevo lamer un poco de la sangre que goteaba del animal. Ella misma puso el dedo en la herida del gato y se lo llevó a la boca. Se pintó los labios con la sangre. Luego dio varios giros, puso los ojos en blanco y todos esos muchachones oliendo a búfalo la celebraron con un extraño cántico y aplausos

Opiniones

Alicia M. Marescompartió su opiniónel mes pasado
👍Me gustó

Por ahí puede ir algún poema, dice Valeria Correa Fiz en el relato de ‘Un amor imaginario’, uno de los más breves de su libro Hubo un jardín. Esta antología de 7 cuentos fue publicada a inicios de este año en Páginas de Espuma y finalmente pude leerla 🙌🏼📗

Por ahí puede ir algún poema. Sí, así es como podría resumir la lectura de este libro; la inminencia de un poema que se nos avienta con las alas abiertas, el descorche de la maravilla ante el uso del lenguaje de esta autora argentina.
Yo siempre destaco mucho las descripciones, pues lo que más valoro en los libros es su capacidad de transportarte, los viajes imprevistos a los que te sumas con nada más cambiar de página. En este caso, las descripciones crean paisajes que a la vez crean atmósferas, en las cuales a veces sí me detuve y cerré los ojos y quise escuchar, quise aspirar, quise pisar lo que la autora describía. Y es que lean nomás:
“Entre las nubes negrísimas, brotaba aislada alguna estrella. La luz de verdad poderosa venía de la luna y el jardín entero estaba detenido en su brillo. Su luz había teñido de leche el agua cristalina de la fuente y azulado los árboles renegridos. El viento y la lluvia habían golpeado los nardos al pie de los pedestales de los leones y, sin las flores, las estatuas habían recuperado su hierática ferocidad. Pensé que los alemanes sabían cómo construir una atmósfera sublime, casi un lugar común de la estética germánica.”

Sí, me encantó el uso del lenguaje para construir atmósferas, pero también el uso de la palabra correcta. Correa Fiz tiene una gran vena poética que pernea cada párrafo que escribe, y por eso nos deja con frases geniales como “El tendido eléctrico de la ruta era un pentagrama vacío”, o “Hablaba con confianza, los perdigones de los ojos me los disparaba al cuerpo.” Me la pasé subrayando frases como estas, que dejaba fluir mientras leía pero, tras acabar el párrafo, volvía para releerlas.
En ese sentido, también combina muy bien estas incursiones poéticas con una oralidad argentina que no me chirrió para nada.
Otra cosa que me gustaría destacar es la sensualidad de muchos de sus relatos, en especial ‘El invernadero de Eiffel’, donde la música de piano se entrecruza con la efervescencia de los frutos de un jardín perteneciente a una vieja moribunda, y una jovencita descubre tanto su propia sexualidad como su soledad.
Igualmente, la sensualidad se refleja en ‘Donde mueren las perras’, el cuento que concluye el libro y pone en evidencia tanto la construcción de la psique de los personajes como la opresión de fuerzas “místicas” en Argentina, que ya había leído en los cuentos de Mariana Enríquez. En este cuento, dos amantes naufragan lejos una de la otra, separadas casi sin querer por una crisis de perras suicidas que se lanzan hacia un barranco en un parque de Rosario, siempre a la misma hora.

La trama desemboca en aspectos más tenebrosos de santería/brujería, y el tono de triste retrospectiva de la protagonista es una gran pista de cómo terminarán las cosas. Este fue uno de mis relatos favoritos, si bien ‘El invernadero Eiffel’ y ‘Hotel Edén’ también comparten por el título. Y es que en este último hallé más tintes sobrenaturales, que siempre me fascinan.

Entonces, podríamos hermanar los relatos así: habita la violencia y el crimen en el relato ‘La Celestial’ y ‘Donde mueren las perras’, pero la adivinanza de algo sobrenatural también está en el cuento previo y en ‘Hotel Edén’, así como en ‘Las comisiones’. La juventud, soledad, desamor y los encontronazos con la muerte están en todos los cuentos.

Los dejo con este pasaje tremendo, que engloba todo lo que me gustó de este libro:

"Me quedé junto a las ramas retorcidas de las que pendían higos de un almíbar brillante. Recogí varios frutos que comí a mordiscos tibios. El ruido de los jugos se sumaba a los rumores nocturnos.
De pronto, las luces del invernadero se apagaron.
Del pasto ascendía un humo gris que se hacía niebla y, envuelto en esa niebla, apareció Fabián. Mitad lobo, mitad mariposa oscura, entró al invernadero. Me trepé a un olmo para ver si veía algo. Los dedos confitados de higo se me pegaban al tronco. ¿Vi acaso dos figuras que peleaban o que se amaban?"

  • Valeria Correa Fiz
    Hubo un jardín
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    Libros
  • Christian Guamancompartió su opiniónhace 4 meses
    👍Me gustó

    Muy interesante este abordaje de múltiples condiciones del ser humano en diferentes situaciones, algunas bastante fuertes y tristes.

  • Valeria Correa Fiz
    La condición animal
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  • Ana Saenzcompartió su opiniónhace 4 meses
    🔮Profundo

    Cuentos de escalofriantes a intensos. Muy dura lectura.

  • Valeria Correa Fiz
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