Alejábame, además, de todo estudio serio y de todo empeño de lucimiento académico, de una parte, el sarampión poético, especie de enfermedad de crecimiento que en mí se prolongó más de lo corriente, y de otra, un romanticismo enervador y falso, contraído a consecuencia de esas lecturas que inflaman la fantasía y excitan la sensibilidad, y fomentado además con el amor enfermizo a la soledad y a la muda contemplación de las bellezas del arte y de la Naturaleza.