Roberto Pino Botella

  • Fernanda Orozcocompartió una citael año pasado
    No tienes ni idea de cuánto tiempo llevo intentándolo, las cartas de rechazo que he recibido... Y decidió callarse, por si lo echaba todo a perder.
  • Fernanda Orozcocompartió una citael año pasado
    observó como de entre las dos primeras novelas de debut, la suya superaba a la de Dios en cantidad de palabras.
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    observó como de entre las dos primeras novelas de debut, la suya superaba a la de Dios en cantidad de palabras.
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    Nick no tenía muchos libros, su trabajo no le dejaba mucho tiempo para leer, pero tenía una Biblia, era bueno saber qué tramaba la oposición.
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    —Está bien —dijo Jones al fin.

    —Oh, bien —dijo Nick—. Está bien. ¿Así que te ha gustado? Qué bueno. ¿Sabes? —añadió tímidamente—: La he escrito yo.

    —¿Usted?

    —Sí. ¿Qué te han parecido los personajes? ¿Los has encontrado atractivos, cálidos, simpáticos? ¿Cuál es tu favorito?

    —No lo sé. Em… ¿Cómo se llamaba el tipo?

    —¿Tom?

    —Sí, Tom. Él es mi favorito.

    —¿No es Susan? ¿No te gusta Susan?

    —Susan también está bien —dijo el Señor Jones.

    —Bien —dijo Nick—. Está bien. ¿Alguna frase favorita?

    —En realidad, no.

    —Bien. ¿Pero de verdad te ha gustado? Genial. Es tan agradable conocer a un fan.

    Y Nick le mostró una sonrisa, y lo hizo encadenar para que lo destriparan.
  • Fernanda Orozcocompartió una citael año pasado
    «NO LEER», se leía en la pegatina en negrita, y debajo: «Son palabras del Diablo. ¡Léelo y arderás en el infierno!» Y le agregaron tres signos de exclamación a «Infierno», y pusieron un pequeño efecto de fuego en «arderás». Y Nick vio la pegatina, y vio que servía.

    —Si eso no los detiene, nada lo hará.

    Sin embargo, muy pronto el infierno se llenó de gente, Nick tuvo que contratar personal adicional.
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    A Nick le gustó Hollywood. Le resultaba muy familiar. El calor, las carnes desnudas, el hecho de que muchos de sus habitantes ya le habían vendido sus almas.
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    —Una vez que estuve muy enferma —dijo ella— mi marido me leyó tu libro en la cama. A capítulo por noche. Era tan romántico…

    —¿Dónde está tu marido, cielo?

    —Allí, en ese pozo de fuego.
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    Se preguntó si él podría estar en shock, lo había visto bastante desconcertado ese fin de semana, y no era posible que estuviese en shock todo el rato.
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