veis que el sol está alto y el calor es grande. No se oye más que el son de las cigarras en los olivares, e ir ahora a sitio alguno, sería, sin duda, sandez. Aquí estamos bien y frescos, y hay, como notaréis, tableros y juegos de ajedrez en que cada uno puede, según su antojo, deleitarse. Pero, si se siguiese mi parecer, pasaríamos esta harto cálida parte del día, no jugando, ya que en ello el ánimo de una de las partes ha de conturbarse, sin demasiado placer de la otra ni de los que miran, sino contando cuentos (con lo que, hablando uno solo, todos podemos encontrar deleite).