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Eleonora González Capria

  • Marisol Cidcompartió una citahace 10 meses
    Mansfield escribe: “¿Qué puedo decir? Conozco sumamente bien la agonía de sentirse siempre enferma y el deseo, ese inmenso deseo, de tener apenas lo que todas las demás personas aceptan sin esfuerzo como propio: una buena salud, un cuerpo que no sea un enemigo”.
  • Marisol Cidcompartió una citahace 10 meses
    restituir a Mansfield de cuerpo entero, incluso en su fragmentariedad, revocando sus zonas borradas y negadas tanto tiempo atrás.
  • Marisol Cidcompartió una citahace 10 meses
    un gusano terrible & insidioso me royera & royera el corazón…
  • Berenicecompartió una citael año pasado
    Sopa de ciruela se inspira en la comida como refugio, en la escritura como alimento vital; y la cuidada selección de estos textos nos permite conocer una faceta oculta e impostergable de la obra de Katherine Mansfield.
  • Berenicecompartió una citael año pasado
    El hambre que siento va más allá de las palabras.
  • Berenicecompartió una citael año pasado
    Ah, qué condena esta, porque así podría escribir quelque chose que valiese la pena.
  • Berenicecompartió una citael año pasado
    Hace falta cruzarse con una enorme cantidad de hongos venenosos para comprender que la vida no es un champiñón interminable.
  • Berenicecompartió una citael año pasado
    Ojalá se pudiera distinguir el amor verdadero del falso como se distinguen los champiñones de los hongos venenosos.
  • Berenicecompartió una citael año pasado
    VIVIR SOLA
    Incluso si, por alguna casualidad espantosa, encontrara un pelo en el pan con miel… por lo menos, sería un pelo mío.
  • Brenda Britocompartió una citahace 3 meses
    El barco se alejó a ritmo lento del lateral del muelle. Varios de los pasajeros dijeron entonces: «Bueno, bueno, ¡al fin, zarpamos!» a otros tantos que hasta entonces solo habían pensado en decirlo.

    Owen Quentillian recordó otra travesía por mar, más larga, que él mismo había hecho cuando era muy pequeño. Y, con mucha más claridad todavía, recordó su llegada a St. Gwenllian.

    Era precisamente lo que deseaba evocar, consciente como estaba de la necesidad de reanudar aquel vínculo que se había visto interrumpido durante años casi sin advertencia.

    Dejó que su pensamiento viajara al pasado y se vio así: un niño diminuto, desconsolado y tembloroso, a quien apartaban de papá y mamá en la mismísima estación y sentaban en un carro abierto de
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