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Thomas De Quincey

    Alancompartió una citahace 2 años
    La causa inmediata de tal costumbre eran los bajos salarios, que entonces no permitían a los obreros regalarse con cerveza o licores: se pensaba que al aumentar los salarios cesarían esas prácticas, pero se me hace difícil creer que nadie que haya gustado los divinos placeres del opio pueda luego descender a los goces groseros y mortales del alcohol; doy por sentado
    Alancompartió una citahace 2 años
    Si el opio se convirtió para mí en un objeto de uso diario no fue con la intención de gozar de un placer, sino, por el contrario, de mitigar el dolor en su grado más intenso.
    Alancompartió una citahace 2 años
    No podía respetarlo intelectualmente pero fue bondadoso conmigo e hizo por mí muchas excepciones: me apenaba pensar en la mortificación que debía infligirle
    Alancompartió una citahace 2 años
    El silencio era más hondo que el de medianoche: y para mí el silencio de una mañana de verano es más emocionante que cualquier otro silencio, pues, aunque la luz sea tan clara y fuerte como la del mediodía en las demás estaciones del año, no parece que el día sea perfecto, sobre todo porque el hombre aún no está a la vista; la paz de la naturaleza y de las criaturas inocentes de Dios es tan segura y profunda sólo mientras no viene a turbar su santidad la presencia del hombre y su espíritu sin sosiego.
    Alancompartió una citahace 2 años
    Al escribir estas líneas han pasado dieciocho años: y sin embargo, en este momento veo nítidamente, como si fuera ayer, los trazos y la expresión del cuadro en que fijé mi última mirada: un retrato de la hermosa… que colgaba sobre la chimenea; los ojos y la boca eran tan bellos, todo el rostro tan radiante de bondad y serenidad divinas, que mil veces dejé de lado la pluma o el libro para pedirle consuelo, como lo pide un devoto a su santo patrón. Todavía lo estaba contemplando cuando las graves campanadas del reloj de Manchester proclamaron que eran las cuatro de la mañana. Fui hasta el retrato, lo besé, y luego salí despacio y cerré la puerta para siempre.
    Alancompartió una citahace 2 años
    Sus modales van adquiriendo el tono y la coloración que convienen; por una vez en que juzgan necesario poner de relieve su calidad encuentran mil ocasiones de templar y moderar esta impresión con actos de cortés condescendencia.

    No hubo sociedad más hipócrita y cansina que la británica eduardiana.

    Alancompartió una citahace 2 años
    Sin duda el Sr. Shelley tiene razón en sus ideas sobre la vejez: a menos que se le opongan con gran fuerza influencias contrarias de toda clase, la vejez corrompe y agosta miserablemente las dulces caridades del corazón humano.
    Alancompartió una citahace 2 años
    Pero, a todo esto, ¿quién —y qué— era el dueño de la casa? Lector, era uno de esos profesionales anómalos de los escalones más bajos del derecho que —¿cómo decirlo?— por razones de prudencia o necesidad no se permiten disfrutar del lujo de una conciencia demasiado delicada (podría abreviarse mucho la perífrasis, pero eso lo dejo a gusto del lector); en muchos oficios una conciencia representa una carga más onerosa que una esposa o un coche; y así como la gente habla de «deshacerse» de sus coches, supongo que mi amigo el Sr. Brunell se había «deshecho» de su conciencia durante cierto tiempo, sin duda con la intención de volver a poseer una en cuanto pudiera permitírselo.
    Alancompartió una citahace 2 años
    cierto es que en ningún momento de mi vida he pensado que pudiera mancharme el roce o la proximidad de cualquier criatura que tuviese forma humana; por el contrario, desde mi más temprana juventud he tenido a mucha honra conversar llanamente, more Socratico, con todos los seres humanos, hombres, mujeres o niños, que la suerte atravesara en mi camino: práctica que se acuerda con el conocimiento de la naturaleza humana, los buenos sentimientos y la franqueza en el trato propios de un hombre que aspira a ser reconocido por filósofo.
    Alancompartió una citahace 2 años
    Una de ellas, que es la que me trae a este tema… ¡Pero no! No he de confundirte, oh noble Ann, con esa clase de mujeres; quiero hallar, de ser posible, un nombre más dulce para designar la condición de la muchacha cuya compasión y generosidad, que me asistieron en la necesidad cuando el mundo entero me había abandonado, debo el estar con vida en este momento.

    Que bellamente escrito

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