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Jean Grondin

  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Remitiéndose a Tomás de Aquino, que habría sido el único en pensar el acontecimiento gratuito del ser (o de la existencia), Gilson acusa a toda la metafísica occidental de haber sido un pensamiento de la esencia o del concepto, es decir, de aquello que se deja captar por el pensamiento. De ahí el título de su notable obra L’être et l’essence, aparecida en 1948. Habiendo pretendido siempre pensar el ser a partir de su esencia, o como «objeto», la metafísica habría «neutralizado» lo que Gilson llama «el acto de existir». La fórmula es más tomista que kierkegaardiana, pero se trata también para Gilson de un puro acontecer, que marca el límite de la metafísica conceptual, obsesionada por el objeto y la esencia. El privilegio de la esencia, que Gilson asocia fácilmente a autores como Aristóteles y Suárez, paga el peaje de un olvido de la existencia o del ser. Como se ha observado con frecuencia, la crítica de Gilson se parece extrañamente a la de Heidegger,12 con la importante diferencia de que Gilson quiere ver en Tomás de Aquino una grandiosa excepción en el olvido del ser. Ciertamente, el acto de existir o el actus essendi de Gilson no es el Dasein de Heidegger, pero en ambos casos el privilegio reconocido a la existencia va a la par con una crítica del pensamiento conceptual que habría, fatalmente, dominado en toda la historia de la metafísica.
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Dominique Janicaud ha recordado, sin embargo, que uno de los primeros textos publicados de Sartre, «La légende de la vérité», se publicó, realmente por azar, en un número de la revista Bifur en 1931, en la que también había aparecido la primera traducción francesa de un texto de Heidegger, «¿Qué es metafísica?».13 Sartre no ha hablado nunca de ello, pero no podemos por menos que pensar que le habrá bastado hojear algunas páginas del texto de Heidegger —el primero con que quizá se habrá cruzado— para darse cuenta de que la metafísica se emparejaba con la cuestión de la nada y la manera particular con que se presenta a la existencia humana, a través de la angustia.
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Su dominio fue tanto, que suscitó una potente reacción en contra a partir de los años sesenta, cuando una filosofía orgullosa de denominarse «antihumanista» reemplazó, en el paisaje filosófico francés, al existencialismo humanista de Sartre. A la filosofía sartreana centrada en elemento principal de la libertad humana,15 Michel Foucault, influido más bien por el último Heidegger,16 quiso oponer en su libro Las palabras y las cosas (1966) la idea según la cual el hombre no era, en realidad, sino una invención relativamente reciente condenada a desaparecer…
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Es verdad que era alérgico a toda especie de trascendencia teológica, y que ha dado un sentido totalmente diferente a los términos «ser» y «nada» de los que había hablado Heidegger: la nada que, en ¿Qué es metafísica?, designaba la nada del ser mismo se convierte en Sartre en la nada que introduce la irrupción del hombre en el mundo por su rechazo de toda determinación, mientras que «el ser», en el título de L’être et le néant, sirve sobre todo para designar el ser inerte que no es el del hombre.
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Pero, en Sartre, se trata más de ontología que de metafísica. El subtítulo de El ser y la nada anuncia un «ensayo de ontología fenomenológica». Así como «ontología», el término «fenomenología», vinculado a la corriente de pensamiento fundada por Husserl y cuyo relevo toma Heidegger, estaba por entonces muy de moda. Implicaba también una cierta postura antimetafísica en el sentido en que «fenomenología» quiere ante todo decir, para Sartre, que sólo se puede hablar de los fenómenos tal como se muestran a la conciencia. Entendida así, la fenomenología se remitía igualmente al fenomenalismo de Kant y del pensamiento moderno en general, según el cual la conciencia no tiene nada que ver con las cosas en sí, sino sólo con los fenómenos. Sartre lo reconoce en la primera línea de su obra de 1943: «El pensamiento moderno ha realizado un progreso considerable al reducir lo existente a la serie de las apariciones que lo manifiestan». Sartre rechaza no obstante el idealismo del pensamiento moderno, argumentando que el ser no debería reducirse totalmente a una construcción de la conciencia. Ve una prueba de ello en un fenómeno que había interesado mucho a Husserl, el de la intencionalidad. Con esa expresión, Husserl quería recordar que la conciencia era siempre conciencia de alguna cosa, desde una perspectiva determinada. La conciencia no es una «estado psíquico» o un objeto de análisis, sino una tensión, incluso un proyecto.

    Según Sartre, esta definición de la conciencia por la intencionalidad puede entenderse de dos maneras diferentes: «O bien entendemos por ella que la conciencia es constitutiva del ser de su objeto, o bien que la conciencia, en su naturaleza más profunda, se relaciona con un ser trascendente».17 Sartre se pronuncia a favor de la segunda lectura, más realista, de la intencionalidad. Verá en ella, además, una «prueba ontológica» de la existencia del ser en sí: el hecho de que la conciencia sea siempre conciencia de alguna cosa significa que la conciencia apunta siempre a «un ser que no es ella misma» (EN, 28; [SN, 30]).
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Como la conciencia no es lo que ella es, o no es lo que parece ser actualmente o según una mirada objetivadora, no se debería confinarla a su determinación actual y contingente, siempre revocable. Decir, por ejemplo, de un para-sí que es «abogado», «camarero» o «comunista» es reducirlo al orden de lo en-sí y hacer caso omiso de su libertad.
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    «El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a ese proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo que habrá proyectado ser.»
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Más arcaico, más subterráneo, este pensamiento de la «diferancia» no provendría ya de la «historia del ser». Derrida pone a partir de ahí en cuestión lo que él llama la «esperanza heideggeriana», a saber, la de «encontrar una sola palabra, la palabra única», que sería la del ser.
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    En Sartre, esta tensión hacia el «ser» tomará sin embargo una dimensión sumamente más dramática que en Husserl y un sentido enteramente distinto del de Heidegger. La primera sección de El ser y la nada se titula, en efecto, «En busca del ser». Podríamos creer que se trata, hasta cierto punto como en Heidegger, de resucitar la «cuestión del ser», que habría sido la de la metafísica. No se trata de eso. El título quiere más bien decir que la conciencia va a la búsqueda de un «ser», pero que no lo conseguirá y que no llegará a serlo jamás. Porque la conciencia no es un ser, sino, al contrario, la «nada», la negación de todo ser.
  • Sergio Castrocompartió una citahace 2 años
    Pero Sartre sigue al mismo tiempo a Kant y a Heidegger: el tiempo no es más que una determinación de la conciencia íntima, y nada más. Existente que conoce su condición temporal, el hombre es un ser «para sí», por tanto consciente de la nada esencial de su ser. Su ser no es verdaderamente un ser, porque se caracteriza por el hecho de que es nada, nada de ser. En los términos clásicos de Sartre: la conciencia «es lo que no es y no es lo que es».22 Es «lo que no es» porque se define ante todo por su futuro y sus proyectos. Puede siempre devenir algo distinto de lo que es o parece ser. Sólo su pasado procede, en última instancia, del en sí, de aquello por tanto que no puede ser, pero el porvenir es virgen y todo le está permitido.
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