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Richard Gross

  • Josué Osbournecompartió una citahace 2 años
    El compás del tranvía y del sacudidor de alfombras me arrullaba. Era el cuenco donde se moldeaban mis sueños. Primero, los sueños informes, veteados tal vez por el chorro del agua o el olor de la leche; luego, los largamente hilados: sueños de viajes y de lluvias. Allí, ante un fondo gris, la primavera enhestaba sus primeros retoños; y cuando, más adelante a lo largo del año, una polvorienta fronda rozaba la pared mil veces al día, la fricción de las ramas me iniciaba en un aprendizaje que aún me venía grande, ya que en el patio todo se me antojaba una señal.
  • Josué Osbournecompartió una citahace 2 años
    Y el niño, que alguna vez formó parte de esa alianza, se queda en su logia, rodeado de ese grupo, como en un mausoleo a él destinado desde hace tiempo
  • Josué Osbournecompartió una citahace 2 años
    Eran ruidos nocturnos. Ninguna musa los anunciaba. La noche de la que venían era idéntica a la que precede a todo nacimiento verdadero. Y la que dormitaba en los aparatos era una voz incipiente. El teléfono fue, coincidiendo en día y hora, mi hermano gemelo.
  • Josué Osbournecompartió una citahace 2 años
    el aparato, cual héroe de fábula confinado en un barranco, dejó tras de sí el oscuro pasillo para entrar en marcha triunfal en las estancias más claras y luminosas, habitadas ahora por una generación más joven, para cuya soledad se convirtió en consuelo.
  • Josué Osbournecompartió una citahace 2 años
    llegar tarde
    El reloj en el patio de la escuela tenía aspecto de estropeado por mi culpa. Marcaba «demasiado tarde». Y al pasillo llegaba, por las puertas de las aulas que iba yo rozando, un murmullo de secreta deliberación. Detrás de esas puertas, maestros y alumnos eran amigos, o bien todos callaban, como esperando a alguien. Toqué el pomo con mano silenciosa. El sol bañaba el lugar en que me encontraba. Profané entonces mi día en ciernes para entrar. Nadie parecía conocerme, ni siquiera reparar en mí. Igual que había hecho el diablo con la sombra de Peter Schlemihl, el maestro se había quedado con mi nombre al comienzo de la clase. Ya no me llegaría el turno. Participé callado hasta que sonó el timbre. Pero no hallé consuelo al oírlo
  • Josué Osbournecompartió una citahace 2 años
    A mí esa obligación me la imponían las palabras. No las que me asemejaban a niños ejemplares, sino a las viviendas, los muebles, la ropa. Estaba desfigurado por los parecidos con todo mi entorno. Habitaba, como un molusco en su concha, en el siglo xix, ahora hueco ante mí como una concha vacía. La acerco al oído. ¿Qué oigo? No oigo el tronido de los cañones ni la música de baile de Offenbach, ni siquiera el trápala de los caballos en el pavimento ni el tararí del desfile de la guardia. No: lo que oigo es el breve golpeteo de la antracita que desde un recipiente de hojalata cae en un fogón de hierro, y el sordo estampido con que se enciende la llama de la mecha del gas, y el tintineo de la campana del quinqué sobre el aro de latón cuando un vehículo pasa por la calle.
  • Pablocompartió una citael año pasado
    Cada par ofrecía el aspecto de una bolsita. Nada superaba el placer de adentrar la mano en lo más hondo de su interior. No lo hacía por el calor que me procuraba: lo que me arrastraba hacia sus profundidades era «lo que traía dentro», que yo siempre sujetaba con la mano en su interior enrollado. Una vez ceñido con el puño y después de cerciorarme al máximo de la posesión de la suave masa lanar, comenzaba la segunda parte del juego, la cual entrañaba todo un descubrimiento, pues ahora desenrollaba la bolsita de lana sacando «lo que traía dentro». Me lo acercaba cada vez más hasta que ocurría algo desolador: al acabar la operación, tanto la bolsa como «lo que traía dentro» dejaban de existir. No me hartaba de hacer esta comprobación. Me enseñó que la forma y el contenido, lo envuelto y el envoltorio son idénticos. Me instruyó para extraer de la poesía la verdad con tanta cautela como la mano infantil sacaba de «la bolsa» el calcetín.
  • Anacarsis Ramoscompartió una citahace 2 años
    Las opiniones son para el aparato gigante de la vida social lo que el aceite para las máquinas; uno no se pone delante de una turbina y la riega con aceite: echa una pizca en remaches y ranuras ocultos que es preciso conocer.
  • Anacarsis Ramoscompartió una citahace 2 años
    Quien rehúye el contacto con el día, sea por temor a los humanos, sea para íntimo recogimiento, no quiere comer y desprecia el desayuno. De ese modo evita la quiebra entre el mundo nocturno y el diurno.
  • Anacarsis Ramoscompartió una citahace 2 años
    El ser, en ayunas, habla del sueño como si hablara dormido.
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