Empecé a preguntarme cuántos parientes consanguíneos habían sido desaparecidos, cuántos más habrían vivido existencias bajo las sombras. Que esto ocurriera en la familia modélica que creí haber tenido, me traducía que en la misma ciudad donde había pasado gran parte de mi vida, en el mismo entorno de amigos más cercanos, desde tiempos remotos se emplazaban dos mundos, el de los visibles y el de los invisibilizados.