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Guillermo Arriaga

Citas

elmayocompartió una citahace 8 meses
las pulsiones necesarias para invadir propiedades ajenas para descuartizar a quienes se te resistieran si vienes conmigo serás recompensado con riquezas y con propiedades y con absoluta emancipación les prometiste para esos pobres negros con la piel excoriada por decenas de latigazos la sola noción de no trabajar más a marchas forzadas de nunca más ver cómo violaban a sus mujeres de nunca más atestiguar cómo sus hijos eran vendidos como reses para servicio de sus amos blancos les bastó para unirse a tu ejército brillante idea la tuya de deshuesarles los resentimientos apagaste en ellos la pena de sus mil heridas de sus galaxias de heridas he de reconocer que en Emerson no te comportaste como un tirano como sí lo hicieron los anteriores capataces atenazaste a las decenas de esclavos que nos pertenecían sin humillarlos dignificaste su trabajo eximiéndolos de los intolerables horarios laborales que al término de la jornada los dejaban desfallecidos con apenas energía para afrontar las faenas diarias con inteligencia extrajiste sus mejores cualidades sin vaciar sus cuerpos les cerraste las avenidas hacia la rebeldía sin degradarlos sojuzgaste con inteligencia y por qué no admitirlo con compasió
elmayocompartió una citahace 8 meses
Te veló el venado porque no los dejó acercarse. Era grandote, de doce puntas, de esos
elmayocompartió una citahace 8 meses
Sus manos de niña se marcaron en el polvo. Fue a morirse igual que mi abuela, que se murió al parir a mi madre. Morirse al dar vida. Cegado por el odio, mi abuelo nunca la perdonó, como tampoco me perdonó a mí por llevarme a la tumba a su hija. En su prisa por darme a luz, mi madre ni agua llevó. «La boca la tenía llena de tierra, la masticó con ganas de sacarle un poquito de humedad», me contó Chuy. Quedó con la lengua y la garganta terrosas. Se acuclilló para parirme. Debí deslizarme de su barriga hacia el zacate seco que juntó como si fuese un nido. Limpió mis serosidades y escribió en la arena mi nombre: Rodrigo, como el río San Rodrigo. Debió comprobar que yo era un varón antes de escribirlo. No se supo si eso fue lo último que hizo antes de morirse, pero la hallaron con el dedo índice al final de la «o». Nos halló Chuy tres días después de que se despareció. Un venado macho se encontraba parado junto a nosotros, «te protegía», me dijo Chuy. Puños de coyotes nos rondaron para intentar comernos. Se notaban sus pisadas alrededor del mezquite. Dale y dale los pinches perros mazacuatos para llevarse un trozo de nuestras carnes. «Te veló el venado porque no los dejó acerca

Opiniones

elmayocompartió su opiniónhace 7 meses
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    El Hombre
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  • Ricardocompartió su opiniónhace 10 meses
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