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Miguel Ángel Hernández

  • Nast Huertacompartió una citahace 2 años
    La siesta como trinchera, como espacio de desconexión con el exterior, pero también de reconexión con eso que esos meses, más que nunca, sentimos en peligro: la vida. Una especie de afirmación de que uno sigue vivo y que, aunque el mundo se esté derrumbando, algo ahí aún se mantiene. Una protección ingenua: la creencia de que nada malo puede sucedernos mientras sigamos durmiendo la siesta.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    La casa escribe. La casa duerme. La casa recuerda. Tal vez por eso, mientras disfruto del privilegio de la calidez, regresa de golpe una vez más la memoria de la casa de mi infancia. El recuerdo del frío. El helor de la huerta. Ni siquiera en Ithaca, con veinte grados bajo cero, he pasado tanto frío como en la huerta de Murcia los días de invierno.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    Me gusta pensar que la siesta es uno de esos caminos de regreso al cuerpo. Hay en ella, como sugería en el capítulo anterior, algo de performance. De actuación, de acción artística, pero también de producción de corporalidad –performance en el sentido de esas enunciaciones que, más que describir o constatar la realidad, la generan–,1 de afirmación del yo-estoy-aquí, presente, en este preciso momento, en este lugar, dueño del tiempo, dueño del cuerpo, dueño, aunque sea por un instante, de mí mismo.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    Regalar es una manera de ponerse en la piel del otro y pensar desde él. Tal vez por eso nos frustramos tanto cuando un regalo es mal recibido o cuando nos equivocamos al regalar. Es como si no conociéramos bien a la persona a quien hacemos el regalo y no supiésemos ponernos en su lugar. Por eso también produce tanta satisfacción acertar. Porque se trata de la constatación de una cercanía. Un modo de ofrecer lo que el otro no sabía que deseaba. De entrever claramente su deseo.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    El regalo es también un principio de economía que genera unas obligaciones: la obligación de donar, de recibir y también de devolver –un «contradon»–.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    Volver a comer ahí me conduce directamente al pasado. Aunque todo ha cambiado de lugar, intento localizar con la mente la posición en la que se sentaban mi padre, mi madre y los demás. Percibo la presencia de esos espacios invisibles. Sin que se note demasiado, me desplazo levemente hacia un lado para tratar de coincidir con mi sitio del pasado.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    Estoy ahí, en la casa de mi sobrino, pero también estoy en la casa de hace veinte años. Pienso en el Doctor Manhattan de Watchmen, en la posibilidad de experimentar una multiplicidad temporal. E imagino que tal vez algo de este futuro que ahora sucede también alcanzó a aquel pasado. Quizá en aquella mesa, en aquellas comidas, latía ya este momento. Todo lo que experimento ahora. Es probable. Por eso también entonces había melancolía. La intuición de la pérdida por venir.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    Mientras comemos y reímos, no puedo quitarme estos pensamientos de la cabeza. Y a pesar de eso todo es alegría. Siento que esa reunión es un don. La familia, de nuevo, en ese lugar que creía perdido y que ahora ha regresado.

    Me había negado a volver durante un tiempo porque imaginaba que la tristeza y la desolación que sentí cuando vi las imágenes de la demolición me volverían a atravesar. Pero ahora compruebo feliz cómo el pasado se renueva. La casa de la memoria se hace presente y también futuro.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    Antes de cerrar los ojos, pienso en mi sobrino durmiendo en su casa. Lo concibo así: durmiendo en «su» casa. Siento por primera vez que ese lugar ya no me pertenece. Pero también intuyo que no lo he perdido del todo. La casa de la infancia permanece ahí, en la memoria. Pero esa memoria ahora se ha renovado. Mi sobrino y su familia la han llenado de un porvenir que ya no tenía. Porque la casa era solo pasado. Y ahora también es promesa. En el fondo, es un don. Un regalo para la casa. Volverla a habitar. Y crear un futuro. El de la felicidad venidera. El de todas las siestas por dormir.
  • Irasema Fernándezcompartió una citahace 2 años
    He escrito sobre la siesta, sobre el cuerpo y el tiempo, pero también sobre la casa. La que se ha ido y la que ha llegado. La casa del pasado y la del futuro. Siento que un ciclo vital se ha cerrado. Estas notas han ayudado a clausurarlo. Este libro breve, corto como una siesta. Una siesta de escritura.
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