–De todos modos, me pregunto a quién pertenecerá esta nave –dijo Arthur.
–A mí –dijo Zaphod.
–No. A quién pertenecerá de veras.
–A mí, de veras –insistió Zaphod–. Mira, la propiedad es un robo, ¿no? Luego el robo es la propiedad. Ergo la nave es mía, ¿vale?