Caricaturizamos a los cocainómanos financieros, la hegemonía del diazepam, los horarios laborales esclavistas, nuestras nóminas volátiles, la crueldad fascista del atractivo sexual o la ya de por sí caricaturesca talla de los líderes políticos; y luego a dormir, quienes recuerden cómo se hace sin recurrir a la química.