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D.H.Lawrence

D.H. Lawrence (1885–1930). Escritor inglés, autor de novelas, cuentos, poemas, obras de teatro, ensayos, libros de viaje y crítica literaria. Junto con Frieda Freiin von Richthofen, la mujer con quien vivió prácticamente toda su vida, viajó a Alemania, Austria e Italia, y, tras un corto periodo de vuelta a Inglaterra, inició una especie de peregrinaje por Australia, Italia de nuevo, la antigua Ceilán, Estados Unidos y México, siempre en busca del lugar ideal, hasta que, tuberculoso, terminó sus días en el sur de Francia.

De sus novelas cabe destacar: Hijos y amantes (1913); El arco iris (1915); Mujeres enamoradas (1920) y, sobre todo, El amante de lady Chatterley (1928), que le otorgó una enorme fama. También escribió libros de viajes —Crepúsculo en Italia (1916) y Cerdeña y el mar (1921)—, y fue un agudo ensayista: Estudios sobre literatura clásica norteamericana (1923). Escribió, además, numerosos cuentos, en los que describió el modo de vida de la Inglaterra rural.
vida del autor: 11 Septiembre 1885 – 2 Marzo 1930

Citas

Marlenecompartió una citahace 2 años
¡El vacío! Aceptar la gran nada de la vida parecía ser el sentido único de vivir. ¡La multiplicidad de cositas activas e importantes que componen la suma total de la nada!
Allan Farmercompartió una citahace 2 años
¡Oh, Dios! ¡Qué cosa tan extraña es un hombre! Todos son perros que trotan y huelen y copulan.
Marlenecompartió una citahace 2 años
Clifford le hizo algún comentario sobre Racine. Ella se dio cuenta del sentido un momento más tarde.

—¡Sí! ¡Sí! —dijo, levantando la mirada hacia él—. ¡Es espléndido!

De nuevo se sintió atemorizado por el encendido color azul de sus ojos y su callada tranquilidad sentada allí. Nunca había sido tan dulce y tan callada. Le fascinaba sin poderlo remediar, como si algún perfume que emanara de ella le hubiera intoxicado. Así continuó inútilmente su lectura, y para ella el sonido gutural del francés era como el viento azotando las chimeneas. De Racine no escuchó ni una sílaba.

Estaba ausente en su mesurado ensimismamiento, como un bosque suspirando con el susurro apagado y feliz de la primavera que presiente los nuevos brotes. Y podía presentir al hombre compartiendo su mundo, el hombre innominado, caminando sobre hermosos pies, con la belleza del misterio fálico. Y en ella misma, en todas sus venas, le sentía a él y a su niño. Su niño se expandía por todos sus vasos como la luz del crepúsculo.

«Sin manos ella, ni ojos, ni pies, ni el dorado tesoro del cabello....

Era ella como un bosque, como la oscura red de las ramas del roble, con un susurro inaudible de miles de yemas brotando. Y mientras tanto los pájaros del deseo dormían en la vasta maraña del laberinto de su cuerpo.

Pero la voz de Clifford continuaba chasqueando y paladeando extraños sonidos. ¡Tan fuera de lo corriente! ¡Y algo tan fuera de lo corriente parecía también él mismo, inclinado sobre el libro, raro, rapaz y civilizado, ancho de hombros y falto de piernas! ¡Qué criatura tan extraña, con la voluntad cortante, fría e inflexible de un ave, pero sin calor, falto-'de calor en absoluto! Una de esas criaturas del futuro, sin alma, pero con una voluntad fría y extraordinariamente alerta. Se estremeció ligeramente, asustada de él. Pero luego la llama cálida y suave de la vida fue más fuerte que él y le ocultaba las cosas reales.

Opiniones

Paperboiargiecompartió su opiniónhace 9 meses
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Allan Farmercompartió su opiniónhace 2 años
🔮Profundo
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    El amante de Lady Chatterley
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