Sthendal

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Luis Alberto Barqueracompartió una citael año pasado
Pero Stendhal también vive la Restauración y el desencanto de esa recuperación monárquica y burguesa. Y como había hecho en Rojo y negro, utilizando el microcosmos de Verrières, donde refleja esos años de Carlos X de 1824 a 1830, en La cartuja, el microcosmos es la ciudad de Parma, como ejemplo de esa contrarreforma a la Revolución francesa y a la primera época de Napoleón. A pesar del enorme ascendiente de la figura de Napoleón sobre Stendhal, el autor de La cartuja diferencia al que él llama Bonaparte, el cónsul, al que ama y admira, del Napoleón emperador de 1804 y siguientes años, y al que ya no admira tanto.
Luis Alberto Barqueracompartió una citael año pasado
En los estudios sobre Stendhal nos encontramos siempre con lo que se llama el beylismo, a una actitud de búsqueda del yo, del bien personal y de la felicidad. Así Beyle, en su correspondencia con Balzac, le confiesa que lo que él pretendía en La cartuja era hablar de esos años felices de su juventud.
Luis Alberto Barqueracompartió una citael año pasado
Así que nos encontramos con una novela de aventuras, romántica, de capa y espada, política, irónica, críptica, incluso con una novela femenina. Fabrizio, demasiado infantil, se lanza a la aventura de partir hacia Waterloo. Y en ese momento ya es ayudado por su madre, sus hermanas, su tía, y después, en su aventura por Francia, por otras mujeres: la carcelera, la cantinera, la dueña de la posada y sus hijas de Flandes. Es interesante el papel que Stendhal concede a las mujeres de más edad o de una posición social más alta, casi siempre. En La cartuja, Gina es la figura central de todas las tramas. Lo mismo está siguiendo a Pietranera en el exilio, en los paseos románticos del lago o entreteniendo a la corte con sus representaciones de opereta
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