Regaste tus plantas, las acariciaste y les dijiste que estaban hermosas. Te dio miedo el cinismo de sentir amor por unas plantas que ibas a fumarte. Faltaba una hora para que llegara Gonzalo, así que pusiste In rainbows y lo escuchaste completo, disfrutando de cada tema como habías aprendido a disfrutar de Radiohead: siempre una oportunidad para trasladarte a otro plano, para recuperar algo de la esperanza que tenías cuando eras chica y te imaginabas viajando por las estrellas, y sin embargo de grande volabas con “Reckoner”, because we separate like ripples on a blank shore, y te fuiste cantando a la cocina a rebozar las supremas. Tenías que pasar las supremas por la mezcla, escurrirlas, agregarles el pan rallado en una bandeja, ponerlas en el horno, esperar veinte minutos, pintarlas con la salsa y ponerles el queso arriba, cinco minutos de horno al máximo. Cocinar fumada. Eso que la profesora hacía en el departamento de Gonzalo.