Hace tiempo que Riechmann advirtió de un proceso de colonización simultánea del pasado y del futuro que está teniendo lugar frente a nuestros ojos incautos y que, de no atacarse, privará a los más jóvenes de cualquier bienestar imaginable.18 El pasado, argumenta, nos lo hemos apropiado en forma de combustibles fósiles, materias que, como el petróleo, han demorado millones de años en cuajarse a raíz de sucesivas capas de sedimentos orgánicos. El futuro lo hemos colonizado ya al basar nuestra civilización y nuestro actual modelo económico en unos «fundamentos extractivos, mineros» que obligan a un salto hacia el cosmos en busca de nuevos territorios para ser explotados una vez que se agoten los recursos de la Tierra.