En la Exposición de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París, en 1925, se presentaron dos jardines muy peculiares, el Jardin de l’habitation moderne de Robert Mallet-Stevens y el Jardin d’eau et de lumière de Gabriel Guévrékian. El organizador de la feria, Forestier, había desafiado a los diseñadores a “redefinir el concepto del jardín”, pero el tiempo y el lugar impusieron limitaciones.