Juan José Arreola

  • Marco Moracompartió una citahace 2 años
    Dos puntos que se atraen, no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.
  • Marco Moracompartió una citahace 2 años
    Volver todo a su sitio fue relativamente fácil. Los tendones y los huesos conservaban cierta memoria de su sitio; las entrañas hallaron sin esfuerzo un equilibrio aceptable; la sangre encontró a ciegas caminos conocidos. ¡Pero la piel! Tú lo sabes. La piel esa de zafiros, de lirios, de luces que me pusiste, ésa no me la pude quitar.
  • Marco Moracompartió una citahace 2 años
    Diez mujeres flacas hacen una gorda, pero una sola gorda hace salir el sol.
  • Rocío Toledocompartió una citahace 2 años
    La cocina estaba separada del mundo por un muro invisible de tristeza, por un compás de espera.
  • Diane Nosprakacompartió una citahace 3 meses
    Mi tío me trajo de regalo un lugar sagrado, un espacio portátil en el que sólo cabía una persona. Me dijo que desde él se podía hablar con Dios.
  • Diane Nosprakacompartió una citahace 3 meses
    uno debe de tocar el piso con siete apoyos de su cuerpo, con las palmas, las rodillas, la punta de los pies y la frente. Esta actitud ante la Divinidad nos llega de la noche de los tiempos
  • Diane Nosprakacompartió una citahace 3 meses
    Cuida tu cuerpo y mantenlo siempre limpio porque es un espacio sagrado. Es tu responsabilidad que no lo ensucien ideas extrañas para que sea ligero y espiritual.Y flote sobre la mugre del mundo, y ésta no lo toque
  • Diane Nosprakacompartió una citahace 3 meses
    Cuando de pronto vi que por el cielo del oriente venían cabalgando, sin prisa, los tres Reyes Magos, con sus costales repletos de juguetes. El oro de sus coronas y las sedas y bordados
  • Diane Nosprakacompartió una citahace 3 meses
    Boris azotaba los platos y ensartaba mentadas en ruso, en inglés, en idish, en español y hasta en ensayos de hebreo.
  • Diane Nosprakacompartió una citahace 2 meses
    Una fría madrugada de diciembre llegó a Agüichapan un hombre montado en una mula. Lo vieron llegar como un aparecido, dicen, en la luz reverberante del amanecer, precedido únicamente por su propia sombra
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