día empezó a ver mal. «Papi, no estoy viendo nada», dijo, «solo luces y sombras que se mueven por el techo del cuarto, me estoy quedando ciega». Lo decía así, sin dramatismo, sin llanto, con las palabras precisas. Mi mamá dice que salió del cuarto despavorida, que se arrodilló en la sala, en el suelo y le pidió un milagro, un solo favor, a Santa Lucía, aunque se llevara a Marta, pues, pero que no se la llevara ciega. Al día siguiente Marta volvió a ver y como luego se murió el 13 de diciembre, que es el día de Santa Lucía, mi mamá nunca ha dudado de ese pequeño milagro. Los humanos, en el dolor más hondo,