es

Jeff Foster

    Mily Sietecompartió una citahace 8 meses
    Ahora bien, el saber convencional nos dice que el sol es una bola gigante de gas ardiente situada a millones de kilómetros de nuestros cuerpos físicos. Y es verdad, relativamente hablando; no podemos negarlo. Pero lo que también es verdad –y este es el auténtico milagro– es que el sol está siempre justo aquí, en la intimidad de la experiencia presente. Aparece en la intimidad que soy. Es el calor que baña mi cara. Es el calor sobre la piel. Es el fulgor que me relumbra en los ojos. Es el querido, viejo e íntimo amigo que ha estado conmigo desde que tengo memoria. No está lejos, muy lejos de quien realmente soy. Está aquí.

    Aunque desde cierta perspectiva pueda parecer que una ola está muy alejada de otra ola del océano, desde la perspectiva del océano, dado que cada ola es el propio océano, el concepto de distancia o de ausencia de distancia no significa nada. El océano no tiene una localización específica, lo cual equivale a decir que está en todos los lugares a la vez. En otras palabras, está siempre aquí.

    Todas las olas del océano que soy son esencialmente yo, incluso aunque parezcan estar a millones de kilómetros de mí.

    El Relato del Mundo
    Puedes tener una experiencia diferenciada y concreta de cualquier cosa que haya en tu mundo –un coche, un árbol, el dolor, la frustración, un bocadillo de queso, el sol, una cuchara– solo si en cierto nivel te cuentas a ti mismo lo qu
    Mily Sietecompartió una citahace 8 meses
    El pensamiento etiqueta todo lo que aparece. ¿Cómo sabes que estás mirando el sol si el pensamiento no te dice que es el sol? ¿Cómo sabes que te estás comiendo un bocadillo de queso si no tienes el relato titulado «Este es un bocadillo de queso»? ¿Cómo sabes que un ave es un ave sin todas esas ideas, conceptos, creencias y recuerdos que te dicen que es un ave? ¿Cómo puedes saber los nombres de todos los platos que tienes a tu disposición en el restaurante de la vida sin haber consultado primero el menú del pensamiento?

    Es cierto que algunas personas han llevado este mensaje demasiado lejos, hasta el punto de decir que, sin pensamiento, no hay nada. Es un error de concepción, porque «nada» no es más que otro pensamiento..., el opuesto de «algo». La realidad está más allá incluso de esto. Sin el relato mental que te dice lo que estás experimentando, no es que haya algo llamado «nada», sino que no tienes manera de saber lo que estás experimentando. Hay un puro no saber. Te encuentras con el mundo por primera vez. Estás en el Jardín del Edén, y nada tiene nombre todavía. Esto trasciende todas las ideas que puedas tener sobre algo y nada.

    Para experimentar cualquier cosa –o mejor dicho, para saber lo que estás experimentando–, debes contarte a cierto nivel lo que estás experimentando. Para percibir una silla, por ejemplo, debes contarte en cierto nivel que eso es un silla; el relato de la silla tiene que haber empezado a hablarte; si no, no tienes forma de saber lo que es. El pensamiento «silla» aparece, y de repente sé que estoy percibiendo una silla. He aprendido sobre sillas. Me he sentado en muchas sillas en el pasado. Quizá haya leído la historia de la silla. Sé lo que son las sillas, por lo tanto sé que estoy percibiendo una silla. Sin ese pensamiento, ¿puedo saber lo que estoy experimentando? Sin pensamiento, ¿puede haber un mundo cognoscible?

    Fíjate en cómo exploran su entorno los bebés. Todavía no han aprendido los nombres de las cosas. Todavía no han aprendido el valor de las cosas. Caro y barato, útil e inútil, sagrado y profano no significan nada para ellos. Les das un trozo de plástico que no vale nada, y se quedan fascinados. Les das un anillo de diamantes de valor incalculable, y se quedan fascinados. Y cuando eso deja de fascinarles, pasan al siguiente objeto. No tienen todavía un relato establecido del mundo. Se encuentran con todo por primera vez y lo exploran. Huelen, palpan y degustan todo, se
    Mily Sietecompartió una citahace 8 meses
    Para experimentar lo que son tu madre, tu padre, tu hermana o tu hermano, en cierto nivel debes contarte (o recordarte) quiénes son. Sin tu relato sobre quiénes son, no tienes forma de saber quiénes son, ¿verdad? Sin tu relato, te encuentras con ellos, literalmente, por primera vez. Sin el relato, lo único que hay es intimidad total. Más allá del relato, hay amor. Y amor significa «no dos».

    Sin embargo, nos olvidamos de que estamos experimentando nuestro propio relato del mundo..., nuestros propios pensamientos y rótulos, nuestras propias interpretaciones y recuerdos, nuestros propios prejuicios y miedos, nuestro propio condicionamiento y nuestros propios sueños. Y todos caemos en la creencia de que hay realmente un mundo separado ahí fuera, con objetos y personas segregados unos de otros, y de que experimentamos este mundo objetivamente y hacemos luego un informe sobre él. Olvidamos que lo que experimentamos es una proyección de nuestro propio sueño, y vivimos como si estuviéramos separados –y fuéramos esclavos y víctimas– de un mundo que está «ahí fuera». Olvidamos la total intimidad que hay en lo más hondo y esencial de la vida, y caemos en un mundo de separación y fragmentación, un mundo donde yo estoy aquí y todo lo demás está allí, y siempre nos encontramos a mayor o menor distancia de ello. Este olvido es el origen de que nos sintamos solos, del aislamiento y de la depresión.

    Después empezamos a hablar de cosas como «mi mente», como si fuera algo real, una sustancia, una entidad, en nuestro mundo. Olvidamos quiénes somos realmente –el espacio abierto que contiene toda forma– y nos identificamos con la idea de que somos mentes y cuerpos separados, personas separadas confinadas en nuestros mundos separados. La consecuencia son la fragmentación y el aislamiento. Y luego, en nuestro estado fragmentado, nos volvemos hacia la religión y la espiritualidad para liberarnos
    Beto Maldonado Arroyocompartió una citahace 2 años
    ­tiva tuya de controlarlo, incluso si consigues lo que quieres, puedes luego perder lo que tienes. En definitiva, la vida no ofrece ninguna clase de seguridad. Lo que aparece, siempre desaparece.
    Beto Maldonado Arroyocompartió una citahace 2 años
    Eres, literalmente, eso que buscas. Eres la consciencia que sostiene la danza de la forma. Eres la vasta expansión de percepción consciente en la que el mundo aparece y desaparece. Sea lo que sea lo que aparece y desaparece en tu experiencia, tú permaneces en calma en medio de la tormenta; eres el vasto y profundo océano que ni siquiera la ola más violenta puede destruir. Por mucho que las olas se eleven y rompan estrepitosamente, en las profundidades del océano hay silencio..., silencio y saber.
    Mily Sietecompartió una citahace 8 meses
    El Relato de mí Mismo
    No solo no tienes un dentro y un fuera, sino que tampoco has experimentado nunca real y directamente que seas una persona, (¡intenta contarle esto a un psiquiatra!). Lo único que encuentras son pensamientos que aparecen, sonidos y sentimientos que aparecen en lo que eres. Y luego el pensamiento dice: «Estos son mis pensamientos, mis sentimientos, mis emociones. La vida me está sucediendo a mí». Ahí es donde empieza el relato de la persona: en la identificación con las formas que pasan por la pantalla de la consciencia, la identificación con los pensamientos y sentimientos, con las olas que aparecen y desaparecen en el océano que eres tú.

    Busca una fotografía de cuando eras niño. ¿Quién es ese de la fotografía? Puedes responder: «Soy yo». Pero esa respuesta nos obliga a preguntarnos: ¿qué es ese «yo» que dices ser? ¿Es ese yo de la fotografía el mismo yo que está aquí ahora?

    Los pensamientos, sentimientos, creencias e ideas que aparecen y desaparecen en tu experiencia actual no son de ningún modo los mismos que aparecían y desaparecían hace todos esos años. Tu relato de ti mismo ha cambiado desde entonces, quizá hasta el punto de que ni siquiera puedas reconocer el de antes. Antes querías ser bombero o bailarín de ballet. Antes te aterraba el monstruo que podía haber escondido en el armario, y creías que en el jardín de tu vecino vivían bajo tierra unos pequeños dinosaurios rosas.

    Hoy en día, tus prioridades han cambiado. Ya no te preocupa el monstruo del armario; te preocupa ganar suficiente dinero para pagar el colegio de tus hijos, tu pensión, el mercado bursátil, la guerra, el último ataque terrorista, no iluminarte en esta vida. ¿Puedes decir realmente que seas el mismo «yo» que eras entonces? Tu aspecto físico ha cambiado por completo; de hecho, no queda en tu cuerpo ni sola célula de aquel yo. Tu cara, tu voz, tu pelo..., todo se ha transformado.

    Pero, por alguna razón, sigues sintiendo que eres tú, de una manera que no sabrías explicar. Hay cierta sensación de estar aquí que no ha cambiado. El sentimiento de «yo soy» ha permanecido constan‍
    Mily Sietecompartió una citahace 8 meses
    El océano sigue igual, son las olas las que se han modificado. Millones de pensamientos han ido y venido; han aparecido y desaparecido toda clase de sentimientos. Pero este sentimiento básico de Ser se ha mantenido intacto... Y, sin embargo, no podemos en realidad decir nada sobre lo que es ese Ser. Sientes que es algo íntimo, algo que de algún modo es totalmente tú, y es a la vez misteriosamente incognoscible; enigmáticamente te supera.

    Detente un momento ahora y, con delicadeza, dirige tu atención a la sensación que de hecho te produce ser tú. Y por «tú» no me refiero a los pensamientos y juicios sobre ti mismo que vienen y van, ni a las sensaciones y emociones que ascienden y descienden a lo largo del día. No me refiero a las imágenes e instantáneas de tu pasado ni a las preocupaciones que tienes por tu futuro incierto. A lo que apunto es a algo que existe antes que todo eso. Apunto a la sensación de ser tú, simplemente tú, aquí y ahora, una sensación que ha estado presente desde que eras un niño. Es un sentimiento de presencia muy sutil pero muy vivo que nunca te ha abandonado, independientemente de lo que hayas logrado, de lo que hayas perdido, de cuántos vislumbres o experiencias espirituales hayas tenido. No hablo de un tú superior, de un tú iluminado ni de una versión especial de ti mismo, sino del sentimiento simple y completamente ordinario de ser tú, en este momento. Ni siquiera es necesario que entiendas de qué hablo para saber cuál es la sensación básica de yoidad. Tanto si crees que entiendes como si no, e incluso si te sientes confundido y frustrado en este instante, fíjate en que, detrás de esa lucha, sigue estando el simple sentimiento de ser tú. A lo que en realidad apunto es a algo muy sencillo..., demasiado sencillo, de hecho, para que la mente lo comprenda. Ya sabes quién eres realmente; ya eres completamente tú, ocurra lo que ocurra. Este reconocimiento tan sencillo constituye la esencia en torno a la cual gira este libro.

    Siempre es extraño en la actualidad encontrarme con alguien que me conocía cuando era más joven. Siento que he cambiado tanto en los últimos años..., tanto que apenas reconozco al yo que aparentemente solía ser. Y, sin embargo, aquel antiguo yo parece seguir existiendo para los demás. Me encuentro con compañeros de colegio o familiares a los que no he visto desde que era adolescente, y siempre me sorprende descubrir que todavía viven con
    Beto Maldonado Arroyocompartió una citahace 2 años
    Eres eso que buscas, como los grandes maestros espirituales nos han dicho siempre. Y no lo encontrarás en el futuro. Solo se puede encontrar en el ahora.
    Beto Maldonado Arroyocompartió una citahace 2 años
    Así es, normalmente no nos damos cuenta de que estamos buscando hasta que experimentamos la pérdida; y la pérdida puede ser algo terrible..., o una auténtica oportunidad de comprender que, para estar completos, nunca hemos necesitado lo que creíamos necesitar.
    Beto Maldonado Arroyocompartió una citahace 2 años
    La aceptación consiste en reconocer que eres el espacio abierto de la aceptación, el océano que acepta de antemano todas sus olas, incondicionalmente, aquí y ahora..., incluida cualquier ola de no aceptación.
fb2epub
Arrastra y suelta tus archivos (no más de 5 por vez)