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Concha Cardeñoso Saenz de Miera

  • Cristinacompartió una citahace 9 meses
    Pero a la vieja, que dormía como una fruta podrida caída del árbol, sobre todo la vigilaba. Porque Margarida quería estar ahí cuando Bernadeta se muriera. Quería verlo. Quería ver cómo se le negaban la salvación y la gracia divina por haber andado tantas veces con el diablo.
  • Berenice Torrescompartió una citahace 9 meses
    Lo entendió. Comprendió que todo tiene su precio. Y que el precio siempre es demasiado caro.
  • Mitzi Camposcompartió una citahace 9 meses
    Había nacido, como todas las cosas que nacen. Pero Marta no se había muerto. Todavía. Como todas las cosas que mueren
  • Lou Lamagacompartió una citahace 5 meses
    Pero entonces Margarida lo entendió. Con el corazón en un puño. La cama de sus hijos estaba vacía y las mantas, frías, y Margarida lo entendió. Sabía que, por culpa del pacto que Joana había hecho y deshecho con el diablo, a ella le faltaba un cuarto de corazón y a Blanca le faltaba la lengua. Que aquella hermana suya amarillenta que se llamaba Esperança había nacido sin hígado. Al heredero le había faltado el agujero del culo. A Esteve, una oreja, a Guilla, el nombre, a Àngela, el dolor, a Martí el Coix, medio palmo de una pierna, y a Bernadeta, las pestañas, y después entendería que a
  • Alejandra Arévalocompartió una citahace 6 meses
    , bien pensado, en esa casa y en esa montaña, y en todas partes, el tiempo siempre había hecho lo que le había dado la real gana.
  • Alejandra Arévalocompartió una citahace 6 meses
    Dolça, Blanca, Elisabet y hasta Àngela estallaron en vítores como bestias. Ladraban y maullaban, balaban, cloqueaban, chascaban la lengua, se descoyuntaban, silbaban, gruñían, mugían, croaban, relinchaban, aullaban.
  • Marcia Ramoscompartió una citahace 2 meses
    un pájaro se les acercó y los hizo arrodillarse. Martí obedeció. El joven sacó unas monedas y se las dio al pájaro negro. Tío Guilla cerró los
  • Marcia Ramoscompartió una citahace 2 meses
    El duende se parecía a ella, tenía las cejas finas, dibujadas, y los párpados pintados. Pero era pequeñito y llevaba una diadema y una bata de color rosa. Su casa era pequeña. De duende. Los niños le saludaron, la campanilla de la urna sonó y Rosa cogió la taza y salió de la cocina para volver arriba
  • Marcia Ramoscompartió una citahace 2 meses
    ¡El demonio dentro de casa! Las bocas abiertas. El sudor hecho perlas. La pija y los pechos. Los jadeos. Los gemidos. Las embestidas. Una detrás de otra, una detrás de otra.
  • Marcia Ramoscompartió una citahace 2 meses
    Distinguió a un hombre con cara de perro y pelo de paja al que colgaban en la horca en lo alto de un promontorio. Y después más hombres ahorcados en toda clase de plazas, y más hombres descuartizados
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