Algo tan peligroso parecía magia: un talismán como los suyos, pero, en vez de estar tallados en madera o forjados en metal, se trataba de algo extraído del veneno que, según algunos, se podía hacer a partir de hierbas centenarias, como si un terrón del tamaño de su trozo de carbón pudiera matar a diez mil personas o más. Imagínatelo: pasa de mano en mano y la mano cae, cae al suelo, de tan solo tocarla. Así le habían descrito las pistolas. El mundo entero cambiaría, decían, en cuanto todos tuvieran una.