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Noah Gordon

  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    la educación llenaba a la mujer de desatinos lascivos.
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    Del mismo modo que algún día acabaría con su puñetero padre.
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    El gremio lo era todo para los carpinteros de Londres: oficina de empleo, dispensario, sociedad de entierros, centro social, organización de socorro en tiempos de desempleo, arbitro, servicio de colocaciones y salón de contrataciones, lugar de influencia política y fuerza moral
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    contento de que Anthony Tite no fuera testigo de su ternura.
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    Ninguna había sido intima de Agnes porque su educación la había convertido en una criatura sospechosa.
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    ¿Qué vuelve tan inteligente a mi hijo?

    ¿Una madre inteligente?

    ¡Ja, ja! Aquí tienes un beso de tu madre inteligente. Y otro beso porque tienes un padre inteligente. No olvides jamás a tu padre inteligente...
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    Rob J. regateaba aun más ferozmente que mamá, por temor a que se les ocurriera aprovecharse de un niño
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    Avergonzado, un rato después regresó a la cabecera del lecho de su padre. Cogió la mano de Nathanael, encallecida por el trabajo, y reparó en las uñas rotas y endurecidas, la mugre adherida y el vello negro y rizado.
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    Era demasiado joven para convertirse en estibador. Sin embargo, sabía que usaban a los niños esclavos en las minas, donde trabajaban en túneles demasiado estrechos para que pasaran los cuerpos adultos. T
  • Ximena Ahuactzin Florescompartió una citahace 2 años
    Junto al puente estaba amarrado el transbordador, y apenas más allá se alzaba el grandioso mercado de Southwark, por el que entraban en Inglaterra los productos extranjeros. Pasaron delante de almacenes incendiados y arrasados por los daneses y recientemente reconstruidos. En lo alto del talud se alzaba una única hilera de casitas de zarzo y argamasa barata; humildes

    hogares de pescadores, gabarreros y descargadores del puerto. Había dos posadas de baja estofa para los comerciantes que acudían al mercado. Después, bordeando el ancho talud, se erguía una doble hilera de espléndidas casas; los hogares de los ricos mercaderes

    de Londres; todas con impresionantes jardines y unas pocas erigidas sobre pilotes asentados en el fondo pantanoso.
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