Estos postulados siguen plenamente vigentes. Como ser vivo, el Estado debe atender a sus necesidades vitales y existenciales, tanto las básicas de supervivencia y mantenimiento del statu quo como las de desarrollo y evolución. Para satisfacer estas prioridades «fisiológicas», debe atender a dos frentes diferentes aunque íntimamente relacionados entre sí: las necesidades básicas de la población, sobre todo centradas en la alimentación, y las de la industria, para las que precisará materias primas y recursos energéticos.