Solo más tarde, después de la caída del Muro, cuando él conoció mejor a libreros de Berlín Este y de Brandeburgo, comprendió que, en ese aspecto, Birgit era hija de la República Democrática Alemana, del mundo proletario que con celo socialista y prusiano quería convertirse en burgués y se tomaba en serio la cultura y la política como en tiempos hizo la burguesía hasta que lo olvidó