Lisa Maxwell

  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    –debería haberse alejado de él ahora que estaban dentro, pero no lo hizo. Incluso a pesar de las capas de telas entre ellos, podía sentir su calor, un antídoto para la energía fría y antinatural que seguía revoloteando en el aire. Instintivamente, se acercó a él, deseando disipar la intranquilidad que ese evento había despertado. Cuando se inclinó hacia él, respiró el cálido aroma de Harte: limpio, definido y tan familiar
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    tuvo que usar todas sus fuerzas para no tocarla, para no poner un brazo a su alrededor y marcar su propiedad para que cada uno de esos mirones –y Estrella misma– supiera con quién estaba.
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    ¿A qué pobre chica le gusta ser forzada a casarse por una pequeña indiscreción cuando los hombres pueden tener tantas indiscreciones como deseen?
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    Antes de que pudiera terminar, Harte la empujó al costado, arrinconándola contra una de las grandes columnas de mármol y posicionándolos detrás de una palmera, para que ella tuviera una clara visión de la habitación detrás de él. Envolviendo sus brazos a su alrededor, se inclinó hacia ella de manera que su rostro terminó cerca del cuello de Estrella. Se sintió gratificado al sentir que se quedaba sin aliento.
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    Suspiró un poco cuando cayó al piso en un bulto de seda color mercurio. El mismo color que los ojos de Harte.
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    Vio cómo se ensanchaban sus ojos cuando comprendió lo que Harte iba a hacer.

    –Harte, ni se te ocurra…

    Pero él ya la estaba dejando caer en el cesto con rueditas.

    –Cúbrete –Estrella luchó para acomodarse entre las pilas de tela escurridiza.

    –Pero…

    –No tenemos tiempo para discutir –dijo Harte, tomando un mantel de otro de los cestos. Quienquiera que fueran las mujeres en el salón de baile, les habían conseguido a Harte y a Estrella un poco de tiempo con su distracción. O al menos, eso esperaba Harte–. Confié en ti en el elevador. Ahora es tu turno.

    –Harte…

    –Baja la cabeza y quédate allí –ladró y luego apiló otra tanda de manteles sobre ella antes de que pudiera seguir discutiendo.

    Harte se ató uno de los manteles blancos alrededor de su cintura, imitando a los delantales que había visto utilizar a los camareros poco antes. No llevaba puesta una de las chaquetas blancas que vestían los trabajadores del hotel, pero esperaba que lo que había dicho Estrella fuera correcto: nadie se fija en los criados.

    –¿Lista? –le preguntó al cesto y recibió una catarata de insultos amortiguados como respuesta. Decidió que eso era igual de bu
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    Lucía delgada y delicada como un junco, sus uñas refinadas nunca habían experimentado un día de trabajo. Su cabello rubio tenía solo un dejo de cobre cuando lo iluminaban las luces de las velas y la columna de su cuello, larga y agraciada, estaba adornada con una simple tira de perlas que yacían contra el punto frágil en la base de su garganta.

    Su piel sería suave allí, frágil y perfumada con el aroma que utilice. Lirios tal vez… o rosas… algo floral y rosa como ella.

    Las mejillas de Viola se sintieron cálidas cuando se dio cuenta de la dirección que habían tomado sus pensamientos.
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    –Por un minuto, pensé que te había perdido –dijo
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    Tilly había sido valiente. Murió porque se apresuró para ayudar sin pensar en ella o en el peligro que podría estar corriendo. Incluso después de que su magia le hubiera sido arrebatada, Tilly luchó hasta el final. Y eso mismo haría Viola.
  • Ale Herediacompartió una citahace 2 años
    Había observado a Tilly todos los santos días en la cocina del Strega mientras su amiga transformaba una pila de ingredientes en las rebanadas calientes que mantenían a la gente de Dolph feliz y satisfecha. Viola había memorizado el movimiento de las manos de Tilly mientras medía, mezclaba y amasaba. La manera en que sus dedos ágiles trabajaban la masa de harina y levadura hasta que se tornaba suave y flexible como la carne. Había sido feliz allí, feliz de simplemente observar a la chica de quien se había enamorado, la amiga que no tenía idea de lo que significaba para ella.
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