Él le apartó la mano del hombro.
—Intenté alejarme de ti —explicó—. Una y otra vez, lo intenté. Porque cada vez que te tocaba, o aunque solo te mirase, me acercaba más a la mortalidad. Tenía miedo. Y, aun así, no era capaz de hacerlo. —Calló unos instantes y después continuó—: Quizá, si tú no hubieras sido lo que eres, me habría visto capaz de dejarte morir. Pero te oí gritar. A través de la niebla densa de mi debilidad, después del incendio del Moscú, te oí. Me dije que estaba siendo práctico, me dije que eras nuestra última esperanza. Eso es lo que me dije. Pero pensé en ti entre las llamas