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Heinrich von Kleist

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Miguel Ángel Vidaurrecompartió una citahace 2 años
Pero el maestro Pedrillo no descansó hasta que le arrebató del pecho a uno de los niños por una pierna y, moviéndolo en círculos por encima de su cabeza, lo destrozó contra la esquina de uno de los pilares de la iglesia. Entonces se hizo el silencio y todos se alejaron. Don Fernando, cuando vio a su pequeño Juan yacer ante él con el cerebro saliéndosele del cráneo, elevó los ojos al cielo lleno de infinito dolor.
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