Aun en el más perfecto encierro, aun en la más terrible oscuridad o el más inquietante silencio, la gente puede adivinar el paso del tiempo sólo por el ritmo de su respiración, los latidos del corazón o la práctica de algún movimiento; esto puede ser válido aun si sólo se tiene de referencia el imperceptible murmullo de las ideas al arrastrarse por la trama del pensamiento