Existen dos formas en las cuales se pueden catalogar las pérdidas para una mejor identificación y descripción: la insustituible, que se refiere al hecho de que no existe nada con lo cual suplir lo perdido, como por ejemplo la muerte de un ser querido o la aparición de una enfermedad degenerativa, y la sustituible, que es cualquier pérdida que nos acompaña a lo largo del crecimiento y que podemos suplir, por ejemplo, al pasar de un año escolar a otro, duele dejar el salón de clases, al maestro y a los compañeros