Polo, siempre soñé con esto. Parar, por decir algo, en algún pueblo, pasar la noche en un hotel rutero y, al otro día, seguir o regresar porque con haber roto la huella diaria es suficiente. Regresar al otro día al mundo de siempre pero con una grieta en el pecho, con un aire nuevo, ¿no? Quién pudiera, dice Polo, salirse de la huella para encontrar otro sentido.