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    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 5 meses
    la caridad bien entendida empieza por uno mismo” o, lo que es lo mismo, es imposible que te amen si te niegas tú el amor
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 5 meses
    Una mente flexible es un requisito para la felicidad. La rigidez acaba con la alegría de vivir
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 5 meses
    Todo lo que tenemos de rígido en la cabeza se expresa también en el cuerpo, por lo que liberar el cuerpo es un paso previo para dejar ir tus pensamientos estancados
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 5 meses
    solo me queda desearte que encuentres todo lo que busca tu corazón y, por favor, disfruta de cada momento: nada dura para siempre
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 5 meses
    Sé flexible, pero no pierdas
    de vista quién eres.
    Licor
    Dianela Villicaña Denacompartió una citahace 5 meses
    la falta de curiosidad lo que nos mata. Cuando una persona deja de imaginar, cuando ya no espera que pase nada diferente ni se aventura fuera de su zona de confort, empieza a morir. Quizás sea esa la verdadera lección de nuestro Sherkhan
    berenufcompartió una citahace 5 meses
    Cuando terminó aquella segunda ilustración, escribió debajo:
    Acepta todo con serenidad.
    Sort
    Milliecompartió una citahace 6 meses
    pequeña, el siguiente texto:

    Por favor,

    concédeme la serenidad

    para aceptar las cosas que no puedo

    cambiar, el valor para cambiar las cosas que

    puedo cambiar y la sabiduría

    para reconocer la

    diferencia.
    Dany Herondalecompartió una citahace 13 días
    Mi padre cometía el mismo error que muchos: creer que los alemanes con los que ahora lidiábamos eran como los que habían conocido antes. No tenía idea, nadie podría haberla tenido, de la falta de humanidad y de la maldad ilimitada de este nuevo enemigo.
    Dany Herondalecompartió una citahace 13 días
    Como yo aún no tenía doce años, no llevaba el brazalete; cuando tuve edad suficiente para usarlo, decidí no hacerlo. Aun a pesar de que mi confianza había sido sacudida por todo lo que ya había visto y experimentado, muchas veces desobedecía las reglas y me burlaba de los nazis. En cierto modo, utilizaba sus propios estereotipos en su contra, ya que no había en mi aspecto nada que me delatara como judío. Con mi cabello espeso y oscuro y mis ojos azules, me veía como cualquier otro niño polaco. De vez en cuando me sentaba en una banca del parque solo para demostrarme que podía hacer lo que se me antojara y, así, a mi manera, ejercía mi propia resistencia.
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