Pensé que el negro es el color de quien echa de menos y que tal vez por ello esa noche era tan amarilla, tan rosa y tan naranja, porque hay ratos en los que uno no echa de menos nada. En cambio, hay días en los que vuelves inexplicablemente cuando menos te espero: debe de ser cosa de los muertos y de la memoria, que comparten el don de lo imprevisto, y, si la noche es furor y abatimiento, si la noche es euforia y tristeza, la noche es un poco siempre tú cuando la cruzo: es aquella noche estrellada con el cielo lechoso como una lámpara cubierta con una sábana vieja, una mujer y un hijo que llegan a un terreno oscuro, intentando calmar a las perras, subiendo la cuesta que lleva a la casa, frente al cristal, contra la sombra.