Viajar entre golpes,
esquivar a los viajeros golpeados,
recoger despertando
las migas de pan ahogadas en sangre:
esa es la felicidad,
una especie de rata de confesionario…
Bajo este sol, pienso:
“Soy una virgen loca de Tolstoi
que camina a saltitos
para no pisar a las culebras muertas de frío