José Donoso

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Eugeniacompartió una citael año pasado
Ya hemos dicho que Tolstoy es una excepción, por muy grande que sea. Más típicos son los casos como el de Balzac, el de Proust, el de Virginia Woolf, todos pertenecientes a una clase social, o una «no clase social» bastante curiosa: a los estratos más bajos de la clase alta, o a los más altos de la burguesía. En este sentido son y además se sienten, marginales de una y otra clase. Esta ambigüedad produce en ellos una falta de identidad, una curiosidad, una voracidad por explorar y entender justamente esto: qué y quiénes son, donde están colocados, cuáles son los matices sociales que los condenan o los exaltan, y a quiénes y por qué condenan y exaltan. En estos tres casos por lo menos la ambigüedad social es el motor mismo de su arte
Eugeniacompartió una citael año pasado
Pero las novelas de Virginia Woolf, ambientales y vaporosas pero lúcidas a la vez —pensemos en Orlando, en Mrs. Dalloway, en Las olas, donde encontramos un pasaje que dice: «En un día tan bello como este no soporto que existan las dependientas de tienda»— es en gran parte comentario de matices sociales y los rencores e inseguridades que de esta situación surgen. Ella también era en cierto sentido marginal a la clase más poderosa: relacionada por parentescos con la aristocracia, no pertenecía a ella porque su padre, sir Leslie Stephen y su mundo era el mundo intelectual, y su relativa modestia económica —tenían siete criadas, pero ningún criado masculino, lo que era un matiz de consideración— la marginaba pese a tener parentela tres haut placée.
Parásitoscompartió una citahace 2 años
hambrienta de otra piel, de cualquier piel con tal que fuera caliente y que se pudiera morder y apretar y lamer, los hombres no se daban cuenta ni con qué se acostaban, perro, vieja, cualquier cosa.
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