Carmen Martín Gaite

Todos los cuentos

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    Luis Romerocompartió una citael mes pasado
    Pero el mendigo pensaba: «Un día se me irá, y hará muy bien. Si encuentra un amo rico, con derecho a esclavizarle, ese le pondrá nombre».
    Luis Romerocompartió una citael mes pasado
    Ni mañana ni ayer. Ahora es todo nuestro. Podemos soñar que siempre será nuestro. ¿No sentís clavado el instante como una aguja florecida?, ¿no os duele en el corazón su plenitud?
    Luis Romerocompartió una citael mes pasado
    Si sabemos marcharnos diciendo: «Hasta mañana», nos quedaremos para siempre y nos lo llevaremos todo en nosotros.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 2 meses
    Por dentro de los ojos cerrados, Amparo, o sea, el fragmento de su imagen que me había sido dado poseer, revivía para mí solo
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 2 meses
    Tienes que aceptar las cosas duras, cuando son duras, y no pedirme que te las haga yo ver de otro color más agradable, pero falso.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Porque es a ella a la que yo escogí, pudiendo haber escogido a otra. A esta quiero. A la de voz de grillo en la margen de un camino
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Es ella, mi mujer. Cuando se mueve es igual que si muevo un brazo mío. Y a un brazo de uno se le tiene amor, aunque casi nunca se sepa. De un brazo propio no se puede prescindir. No importa que sea flaco, o a lo mejor peludo, o que tenga incluso varias cicatrices. Y para colocarse en cualquier sitio hay que contar también con el lugar que él ocupará. No voy a prescindir de mi mujer. No puedo prescindir de ella. De ella precisamente, de la mía.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Ahora se ha vuelto ella y busca algo en unos estantes que hay sobre mi cabeza. Podría abrazarla por la cintura, apretar la cabeza contra su regazo, pedirle que en mucho rato no se separara
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Nos lloverían sus consejos, y nada hay más temible que los consejos de la gente equilibrada, de buen criterio.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Estás, te tengo, deseo huir contigo
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Fíjate cuántos japoneses se estarán muriendo en este momento. Ya lo sé. Japón está muy lejos. Pero también allí se le podrá tomar amor a un trocito de calle, al sabor de una fruta, a una mujer. Y la vida de ellos es tan importante como la nuestra, aunque estén lejos y no sepamos sus nombres
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    . ¿Te das cuenta? Me habría muerto sin gritar, sin sentir este violento deseo de llamarte, de coger tus manos y besarlas. Y sin conocer esta zozobra de estar destapado, al desamparo, entre los transeúntes de las carteras. La zozobra de haber perdido mi etiqueta, mi casillero. Y de no tener más que la noche y el día. Como cuando te conocí.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Uno no se explica por qué muchas veces que quiere gritar la voz no le viene; se le estanca como en las pesadillas, cuando lucha por despertarse, y en cambio un día, de repente con la mayor naturalidad, sin pretenderlo, sin que aparentemente haya cambiado ninguna cosa, la voz acierta a salir como por un grifo abierto y alcanza a salpicar vigorosamente a todas partes, y se ve lo fácil que era.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    ¿Quién me había traído a esta oficina? ¿Por dónde entré? ¿Con qué ojos había mirado esto durante diez años para no haberlo visto nunca hasta hoy?
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Entonces ocurrió algo insólito. Le miré y vi que era un extraño. Absolutamente, al pie de la letra. Me daba cuenta de ello con una súbita e indiscutible seguridad. Se apoderó de mí esta sensación, esta certeza, a pesar de que vagamente me esforzaba por recordar que durante diez años había tenido su rostro delante del mío. Pero esto se me hacía tan inconsistente y falaz como un espejismo, no respondía a algo real. Quizá si no le mirara desde la playa de piedrecitas grises, con los pies desnudos, el día en que Germán encontró la culebra, nunca hubiera podido comprenderlo. Era un ser absolutamente extraño, de otra tribu; yo no podía depender de él. El descubrirlo me proporcionaba una enorme alegría.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    El sol nos ponía por dentro de los párpados dibujos de rojas chispas y estrellas enlazadas girando sobre un fondo negro, perla, de oro
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    No tengo conciencia de estar obligado a haber hecho una cosa precisa en mi primer día de libertad. No he pensado. No he decidido nada.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Por primera vez he visto cómo es la calle a esas horas. Es una inmensa urna vacía, resonante, con parquet de museo. Sobra por todos lados y se ve que es del día anterior, que se aprovecha de un día para otro como una decoración. Da hasta risa tomarse luego la ciudad tan en serio; a esas horas se ve la preparación que tiene y parece que se va a desteñir o a fallarle algún muelle.
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    Eso era todo. Un vuelco de un instante, que se apagaba. Esto ni siquiera era echarlo de menos. Así es que, realmente, no se notaba nada, y todo siguió igual.

    También ella, la señorita
    Angélica Hernández Moralescompartió una citahace 3 meses
    También ella, la señorita Mercedes García, un día se morirá sin avisar a nadie —de gripe y soledad, de cualquier cosa—, y para llenar el hueco que deje entre el fichero verde y el clasificador, pondrán un anuncio en el periódico y vendrá otra muchacha cualquiera.
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